Comienzo este blog contándoles que la tristeza es una emoción básica, eso quiere decir que no podemos contrarrestarla pues sentirla es necesario y nos ayuda a procesar las pérdidas y a fomentar la empatía con los demás.
Cuando un niño pequeño se pone triste, los padres procuramos repararlo, distraerlo, buscamos eliminar la tristeza, sin embargo, al comprender que es una emoción necesaria, ayudará al pequeño a identificar no solo cuando debe o puede activarla sino cómo debe gestionarla. La tristeza, es considerada una emoción informativa.
Cuando está presente, es importante que los adultos la validemos, pensar que ignorar a un niño que está triste puede solucionar la situación puede ser un error. A veces pensamos que los niños son pequeños para sentir tristeza, pero recordemos que viven el presente y para ellos el problema o situación, por más pequeña que sea representa un inconveniente entonces sentirse triste por no poder resolverlo es válido. La solución está en enseñar a no evadir la emoción sino identificarla para luego gestionarla.
Pero, cómo los padres podemos enseñar a nuestros hijos a gestionar su tristeza?, estos tips aplican no solo para esta emoción sino para todas:
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Muestre una imagen de las emociones básicas (tristeza, alegría, miedo, ira, asco)
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Si es posible imprima la imagen y colóquela en un espacio visible para el niño
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Enseñe el nombre de cada una, si puede asocie el nombre a un color

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Enseñe a su hijo/a a nombrarlas y anclarlas a eventos que haya vivido, por ejemplo…”te acuerdas cuando jugaste con tus amiguitos…estabas feliz” (señale la cara feliz y el nombre ubicado en un recuadro de color)…”te cuerdas cuando se rompió tu juguete y no pudimos arreglarlo…te sentiste triste”…(señale la cara triste, el nombre que está en el recuadro de color)
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Siempre valide las emociones de sus hijos, es decir, cuando se sientan tristes dígale que es normal y está bien sentirse triste, si desea, puede establecer un espacio en casa para la gestión de emociones
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Si ha seleccionado un espacio en casa, indíquele que ese es un lugar especial y cuando vamos a él nos ayuda a sentirnos mejor y tranquilos (recuerde, esta no es una zona de castigo o tiempo fuera, a diferencia de estos espacios, el lugar elegido debe ser muy agradable).
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Cuando un niño/a está triste, no necesariamente requiere consuelo verbal, muchas veces basta con recibir un abrazo y compañía.
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Recuerde también que el niño/a aprende de la gestión emocional de los adultos, es decir, observa cómo las personas que lo rodean trabajan sus emociones positivas y negativas.
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Evite frases como “no llores”, “no es para tanto”, “que exagerado que eres”, “lloras por tonterías”, esto es invalidación de la emoción.
Es indispensable aprender a diferenciar la tristeza evolutiva de la que requiere apoyo profesional. La primera aparece como resultado de situaciones específicas que ameritan dicha reacción y suele ser pasajera. En el segundo caso por lo general además del bajo estado de ánimo, aparece cambios en el sueño, apetito, irritabilidad permanente, aislamiento, pérdida de interés en acciones cotidianas y estas reacciones suelen ser duraderas.
Enseñar al niño que estar triste esta permitido es enseñarle a ser resiliente y a enfrentar situaciones que con el paso de los años cada vez se verán más complejas.
En ocasiones, el mayor acto de amor y consuelo no es evitar que el niño/a llore, sino sentarse a su lado mientras lo hace.
Mst. Ma. Lorena Cañizares J.
Psicóloga Clínica
Magíster en Psicoterapia Sistémica familiar
Especialista en Diagnóstico Intelectual
Magíster en desarrollo de la inteligencia y educación