Cómo fomentar la autonomía en casa según la edad

Beauchamp, T.L & Childress, J. F. (2019) definen a la autonomía como la capacidad de la persona para deliberar sobre sus fines personales y actuar conforme a esa deliberación. En otras palabras, es la capacidad de tomar decisiones propias, regular la conducta y actuar de acuerdo con las metas establecidas, los valores y gustos personales.

Este pareciera un complejo concepto que solo aplica a la vida adulta, sin embargo, debemos saber que la autonomía no es propia de la adultez o aparece de manera súbita, ésta se forma de manera progresiva desde la primera infancia.

Desde los 2 años y coincidente con el brote del lenguaje expresivo, comenzamos a notar las primeras muestras de una autonomía que irá creciendo. Respuestas como “yo solito”, decisiones sobre la ropa que quiere usar o lo que va a comer, son las señales de que este proceso psicológico dio inicio y no parará pues el resto de la vida trabajará para desarrollarla y fortalecerla.

Cada año de edad pauta una ruta a través de la cual transitará la autonomía. Habrá más de una ocasión en la que las decisiones del niño/a suenen descabelladas e ilógicas desde la perspectiva del adulto sin embargo invalidarlas puede traer consecuencias negativas frente al desarrollo de este importante proceso.

Desde el nacimiento, el bebé nos muestra las decisiones que toma, cuándo dormir, cuándo comer, depende totalmente del adulto para su cuidado, pero comienza a expresar sus preferencias mediante el llanto y la succión.

Entre los 6 y 12 meses comienza la exploración de objetos, los agarra y los suelta a su antojo, comienza a mostrar con anticipación el deseo de cumplir con sus rutinas, por ejemplo alimentación y sueño.

En la etapa de los 12 a los 24 meses ya comienza el proceso de independencia en procesos como la alimentación, quiere hacerlo solo, se desplaza libremente, usa gestos, señales y pocas palabras para expresar lo que decide que quiere hacer.

Pero la autonomía como tal comienza a mostrar señales visibles entre los 2 y los 3 años cuando empieza a expresar las decisiones simples como los zapatos que usará, el peinado que desea llevar o los juguetes con los que jugará. Intenta resolver problemas solo.

Entre los 3 y 4 años se incrementa la iniciativa de realizar acciones por su propia cuenta, ya adquirió una importante autonomía en procesos complejos como dejar su pañal y probablemente se independizó de la habitación de los padres, esto le da mucha seguridad personal y fomenta su autoestima. Ya es capaz de seguir rutinas previamente establecidas sin que nadie le recuerde, ha adquirido una mayor autorregulación emocional y personal.

De 4 a 5 años, ya es capaz de cumplir normas simples sin supervisión constante, toma decisiones considerando las consecuencias de éstas, participa activamente en responsabilidades que le han asignado y esto le hace sentir muy importante.

El trabajo no termina nunca, formar la autonomía es un proceso que se va ajustando con la edad y va adquiriendo madurez a medida que el niño crece; trabajarla, formarla, apoyarla y propiciar espacios y situaciones en donde se la ponga a prueba, favorece enormemente el desarrollo psicológico de los niños.

Permitir que realice tareas en casa,

solicitar su ayuda y dar responsabilidades

no es sobre exigir…es formar su autonomía

Mst. Ma. Lorena Cañizares

Psicóloga Clínica

Mst. En Psicoterapia Familiar Sistémica

Mst. En Desarrollo de la Inteligencia y Educación

Especialista en Desarrollo Intelectual

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